sábado, marzo 28, 2009

Algunos indicios del viraje de los EE.UU. en el mundo


Las cifras asociadas al gasto internacional en defensa son para hacer estallar las neuronas más sanas. En el 2007, último año para el que tiene cifras confirmadas, estimó el SIPRI (el muy respetado instituto sueco para estudios de la paz) el mundo invirtió en ese rubro 1.200 billones de dólares, de los cuales Estados Unidos aportó el 45%. Aquella no es la misma superpotencia de hoy, cabalgando como está una crisis económica que parece un caballo bronco imposible de amansar. El dinero para la defensa, en tanto, se sigue asignando como si nada hubiese pasado y dos guerras (Afganistán e Irak) siguen devorando recursos económicos necesitados para otros fines.
Pero que no todo puede seguir igual, es algo que el presidente Barack Obama y su gente comprenden bien. Por eso hay que mirar en detalle las decisiones que está tomando y aquellas que está a punto de tomar en el terreno de los frentes de conflictos de su país porque no solo hablarán de esos problemas sin también de la mutación del rol estadounidense en el mundo.
Sobre todo porque ya no existe espacio en la realidad para volver sobre las ensoñaciones de George W. Bush y Dick Cheney que a comienzos de siglo imaginaron una proyección del poder unilateral de Estados Unidos en el tiempo, librando antes un par de guerras menores con victorias que permitiesen un redespliegue del poder militar de Washington.
Antes de fines de mes, habrá una conferencia internacional sobre el problema afgano y Obama ha instruido que su secretaria de Estado, Hillary Clinton, le ofrezca un lugar en la mesa de debate al gobierno del presidente Ahmadinejad. Es apenas un gesto, pero que parece bien elegido para quien va destinado. Los iraníes quieren, desde siempre, ser considerados una potencia asiática con proyección global y, por momentos parecen decididos a colocarse esa cucarda por la buenas -esto es por consenso de la comunidad global- o por las malas, esto es transformándose en un país con arsenal bélico atómico.
En este mismo contexto conviene citar los dos discursos que en poco más de 48 horas tanto de Obama como de su colega israelí Shimon Peres llamando a los líderes de Teherán a sentar las bases de una nueva era de entendimiento entre sus naciones. No hay excesivo optimismo sobre el resultado de esta apelación -hecho en el inicio de festejos primaverales en Irán-, pero la respuesta inicial de los iraníes fue inusualmente entusiasta.
Los problemas concretos son huesos duros de roer. Está la demanda insistente para que Teherán abandone su programa de desarrollo nuclear -que los iraníes insisten que solo tiene fines pacíficos- y que deje, dicen sobre todo en Estados Unidos, la acción militar anti-israelí de Hezbollá en el Líbano y Hamas en Gaza, además de abandonar su instancia retórica de borrar a Israel del mapa.
Después de 30 años de no mantener otras relaciones que las de adversarios casi enemigos, los temas pendientes en la agenda bilateral iraní-estadounidense son tantos, entre otros los más de 400 días que el entonces nuevo régimen iraní tuvo secuestrados a diplomáticos de Washington en los 70 y el ataque de naves militares estadounidenses a un jet comercial iraní que terminó por derribarlo en los años 80.
En cualquier caso Obama y Peres saben que otro conflicto en el Asia sería casi imposible de digerir. Peres tiene el problema, además, de que en quince días tendrá un nuevo gobierno encabezado por la derecha encabezada por Benjamín Netanyahu y quizá cuente también a Avigdor Lieberman, una pesadilla racista, como canciller. No será fácil para Obama lidiar con estos personajes y su idea central, confesa a medias, de impedir que los palestinos tengan su estado.
Y, si embargo, el momento dorado que la derecha israelí tuvo en los días de Bush ya no existe y la escenografía ya no contiene los gritos de unilateralismo de entonces. Obama precisas descompresión y, para ello, de nueva alianzas, ya que los hombros de Estados Unidos no son más los de Atlas, ya no pueden sostener todo el planeta.
Lejos de disminuir el racismo en EEUU, leemos con atencion acerca del aumento de los grupos racistas y xenofobos.
Por el poco tiempo que asumio es unos de los presidentes mas amenazados.Siendo frustados dos atentados uno en Denver y otro en Tenesse.
A todo lo anterior le agregamos desempleo en aumento como un ingrediente explosivo de la ensalada.
La falta de escrupulos de la oposicion que apuesta al fracaso de la gestion aunque eso provoque un crack de impensables derivaciones.Es hasta gracioso ver en foros racistas como Obama es acusado de ser marxista (http://cofcc.org/) mientras que los medios de derecha lo tildan de socialista (cosa que parece ser un insulto en EEUU).
No olvidemos sumar en la receta que de empezar a retirar ejercitos de Irak y/o Afganistan se le sumara la presion de la industria del armamento.Obviamente a lo anterioremente expuesto queda la negociacion con los paises permitame el sarcasmo "amigos" Iran,Pakistan,Corea,Venezuela,Cuba y Rusia , mas algun otro que me debo estar olvidando.En conclusion y parafraseando la maldicion china "A este hombre le tocaron tiempos interesantes"

Por Raúl Cardoso.
Fuente: Blog clarin, adentro y afuera.

martes, marzo 10, 2009

Las olitas y sus efectos


Maremoto: lejos de provocar pequeñas olas, como dijo el presidente Lula, el impacto de la crisis económica mundial en Brasil puede convertirse en un verdadero mare motus. Sus terribles efectos sobre la producción y el empleo se manifiestan con fuerza: sólo en diciembre de 2008, 600 mil personas quedaron desocupadas en todo el país y la producción industrial cayó 12,4% en relación a noviembre del mismo año. Frente a este panorama, el gobierno brasileño optó por pactar con los intereses del bloque de poder que comanda al país: el sector financiero privado y las transnacionales. Confirmada su presencia en la reunión del G-20 en Londres, Da Silva eligió dar continuidad a la política económica en curso y al acuerdo firmado por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso con el FMI.
El presidente Lula sufrió muchas críticas por haber menospreciado, aparentemente, los efectos de la crisis económica mundial en la economía brasileña, al comparar los riesgos a una mera “olita”, de esas que no asustan siquiera a los extraños al mar. Políticamente se puede comprender el papel del Presidente de la República. No cabe a él la función de atemorizar a la población con suposiciones de consecuencias negativas que enfrentaremos. Por el contrario, su responsabilidad mayor es la de garantizar la toma de decisiones que impidan lo peor y eviten al trabajador brasileño el desempleo, la reducción de su renta y la precariedad de los servicios públicos. Y es justamente en este punto que consideramos extremadamente equivocada la posición asumida por el Gobierno. Se sabe que Lula llegó a la victoria electoral de 2002 en medio de una crisis económica fuerte, con raíces en el terrorismo político de sus adversarios, alimentado por decisiones políticas del área económica del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, que prepararon todas las condiciones para el agravamiento de la coyuntura económica en el año electoral. Reducción de los plazos de vencimiento de los títulos de la deuda pública, elevación de la tasa de interés y dolarización de buena parte de la deuda mobiliaria fueron algunas de las cáscaras de banana dejadas por la dupla Pedro Malan - Armiño Fraga, antes de completar el gobierno tucano (nombre dado a los miembros del Partido Socialdemócrata) y de irse a trabajar al sector financiero privado. Lula, como se sabe, al contrario de cumplir con su saga de líder incuestionable del modelo liberal e iniciar la transición hacia otro tipo de modelo económico, optó por arreglar con los intereses del bloque de poder que comanda al país, especialmente a partir del Plan Real –una alianza entre el sector financiero privado y las transnacionales. En rigor, optó por dar continuidad y sobrevida a la política económica en curso y al acuerdo firmado por Cardoso con el FMI.
La gestión de Lula introdujo cambios como la unificación de una serie de programas compensatorios ya existentes bajo el rótulo de Bolsa-Familia con la ampliación de los recursos financieros dirigidos a esa finalidad y los reajustes reales para el salario mínimo. Sin embargo, la continuidad de la política económica obedeció a la lógica de la búsqueda de un tipo de gobernabilidad a partir del apoyo de sus antiguos adversarios en la convicción de que la coyuntura internacional –extremadamente favorable– sería capaz de producir efectos benéficos al país. Se puede decir que Lula “se acostó en un lecho espléndido”. El cambio del cuadro internacional permitió que a partir de 2002 la balanza comercial brasileña diese un salto. Partiendo de un saldo positivo de 13.100 millones de dólares aquel año, alcanzó en 2006 un superávit de 46.500 millones. Esos resultados comerciales permitieron que, a pesar de que la cuenta de servicios presentara un crecimiento continuo, el saldo de las transacciones corrientes del país se mantuviera en una trayectoria de crecimiento. En 2002 el déficit en cuenta corriente fue del orden de los 7.600 millones de dólares, pero con un saldo de 14 mil millones en 2005 y de 123 mil 600 en 2006, hubo una comodidad en las cuentas externas que aparentemente, para muchos, indicaba el acuerdo de las opciones del gobierno de Da Silva.
Esa comodidad, entre otras consecuencias, permitió que el país experimentase tasas de crecimiento un poco mayores a las del pasado reciente, con impactos positivos en la oferta de empleo, especialmente en la banda de tres salarios mínimos. A partir de 2007, sin embargo, el cuadro se alteró por factores externos pero particularmente por las características del propio funcionamiento de la economía brasileña. La dinámica de crecimiento –con altísimas tasas internas de interés y una apertura financiera y comercial extremadamente liberal– llevó al crecimiento de las importaciones, empujadas por la valorización del real. En 2007 no solamente el saldo comercial retrocedió a 40 mil millones de dólares, sino que el resultado de las transacciones corrientes cayó a apenas 1.500 millones. A pesar de que los síntomas más graves de la crisis internacional ya se habían manifestado en el segundo semestre de 2007, el hecho es que el gobierno brasileño sólo asumió medidas de carácter contractivo, buscando enfriar el crecimiento económico y contener el “furor” de las importaciones. Consejeros económicos de Lula, de orientación diversa como Delfim Neto o Luiz Gonzaga Belluzzo, sugerían la elevación espectacular del superávit primario, como forma de atenuar la ofensiva que el Ministro del Banco Central podría hacer, elevando la tasa de interés. Al mismo tiempo, Da Silva no se cansaba de elogiar a Enrique Meireles, mostrando claramente que los cambios sustantivos de la política económica no estaban en discusión. Con eso, lo que se vio fue que la tasa básica de interés se mantuvo en 11,25% entre septiembre y marzo de 2007, elevándose paulatinamente a partir de abril del año pasado, hasta llegar a 13,75% anual en septiembre. Los resultados son trágicos. Las cuentas externas cerraron 2008 con un récord deficitario de la cuenta de servicios y rentas de 53 mil millones de dólares, empujado especialmente por las remesas de ganancias y dividendos (33.900 millones de dólares). El saldo comercial del país continuó en caída vertiginosa, cerrando el año en 24.700 millones de dólares y ahora, en enero, se vuelve a tener déficit comercial, hecho que no ocurría desde 2001. Con esos resultados el déficit de las transacciones corrientes en 2008 saltó a 28.300 millones de dólares, lo que llevará a una mayor dependencia de capitales extranjeros para cerrar el flanco externo. Es en ese cuadro que se deben relativizar por completo los efectos de la reducción en un 1% de la tasa básica de interés, decidida por el Banco Central en enero, para dejarla en 12,75%. No solamente es una tasa indecente, sino que es un 1,5% superior a la que estaba en vigor en el segundo semestre de 2007, cuando el mundo ya comenzaba a sentir los efectos del barullo financiero producido por los liberales.
Los terribles efectos sobre la producción y el empleo se manifiestan con fuerza. La estimativa del propio Ministerio de Trabajo, con base en los datos del Caged, indica que el país perdió 600 mil puestos de trabajo en diciembre. La producción industrial cayó 12,4% en diciembre, en relación a noviembre, y es la tercera caída consecutiva de este indicador, acumulando un retroceso industrial en el último trimestre del año pasado de casi 20%. El problema, sin embargo, no es la imagen de la “olita” usada por Lula para defender las opciones de su gobierno y también para tranquilizar a los brasileños. Lo grave es el propio Lula, sus opciones de política económica y sus más importantes colaboradores, formales o no.

Por Paulo Passarinho
Desde San Pablo,
Correio da Cidadania y América XX

viernes, marzo 06, 2009

Respuestas de América Latina a la crisis mundial: Panorama en las vísperas

Opciones: todos los profundos cambios de orientación geopolítica verificados en América Latina en lo que va del siglo XXI estarán en juego en los próximos meses. Con el sistema financiero internacional desintegrado, las grandes potencias se aprestan a recomponerlo con cambios apenas cosméticos. Un “nuevo Bretton Woods”, lo llaman, para no dejar lugar a dudas. El principal objetivo de Washington es impedir que China, Rusia e Irán, cada una con su área de influencia, así como América Latina y el Caribe, constituyan subsistemas autónomos, por fuera de la hegemonía y el control estadounidense. Suramérica participará próximamente en dos reuniones clave en las que se librará esa batalla: el G-20 en Londres el 2 de abril y la Cumbre de las Américas en Puerto España dos semanas después. Sólo Brasil y Argentina estarán presentes en el primer encuentro, definitivo para el rediseño global. En las páginas siguientes quedan reflejadas la situación y las políticas aplicadas hasta ahora en ocho países de la región.
La disciplina rebautizada Economía durante el siglo XX se ha revelado en los últimos meses como la más formidable estafa en la historia de las ideas. Cuando en los albores del pensamiento en la antigua Grecia los teóricos de entonces imaginaron la Tierra como un plano apoyado sobre elefantes, daban prueba de mayor rigor y honestidad intelectual que los economistas de hoy al servicio del capital. Día tras día, los cuadros formados en esa materia en las más renombradas universidades del primer mundo se muestran perplejos y admiten su incapacidad para definir la naturaleza y los alcances del cataclismo económico universal.
Pero si los economistas están a la espera de los acontecimientos para formarse opinión, los políticos no: aun sin saber exactamente qué tienen bajo los pies, han delineado y aplican sistemáticamente un plan en función de los intereses de los núcleos mayores de concentración de riqueza en el mundo.
Ese desdoblamiento entre economistas y políticos expresa el desgarramiento del saber formalizado por Adam Smith en el siglo XVIII, denominado entonces Economía Política. Una ciencia es un medio para descubrir la verdad en el área que investiga. Por eso, ya a mediados del siglo XIX los defensores del sistema capitalista debían apresurar un viraje que neutralizara la Economía Política para convertirla, quitándole el apellido, en un instrumento para encubrir la verdad y defender por los medios que fuere la sociedad de la explotación, la injusticia y la destrucción de valores humanos y materiales.
Tomando en cuenta estos antecedentes se comprende mejor el significado del encuentro del G-20 el 2 de abril próximo en Londres y la Vª Cumbre de las Américas desde el 17 al 19 del mismo mes en Puerto España, Trinidad y Tobago. Sin respuestas de los economistas, los representantes políticos del gran capital internacional no han logrado detener la caída en tirabuzón, no pueden determinar con precisión la etiología y la dinámica de la crisis ni tienen aún diagnóstico y pronóstico seguros. Pero entienden lo que para ellos es fundamental y, trazados los lineamientos estratégicos, están llevándolos a la práctica.
Desde su perspectiva, afrontar el colapso mundial requiere ante todo obturar cualquier respuesta por fuera del sistema capitalista. E impedir incluso que las economías menores busquen formas de autonomía relativa, evitando que de los escombros del sistema financiero internacional surjan mecanismos regionales no sujetos al centro imperial. Por eso el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz (y otras luminarias de ocasión, algunas con ropajes progresistas), claman por la necesidad de “un nuevo Bretton Woods”, es decir, la reparación, con algún cambio cosmético, del mecanismo planetario bajo hegemonía y control de los centros imperialistas de la economía mundial. Paralelamente, los estrategas de Washington y Bruselas tienen clara la necesidad de impedir la aparición de un centro político en condiciones de polarizar la voluntad de cientos de millones de seres humanos amenazados por el terremoto social, registrado incluso por los sismógrafos menos sensibles.
Una vez obtenidas esas precondiciones, claro, entonces sí serán útiles los economistas. Las técnicas y nociones impartidas en las altas casas de estudio servirán para cuantificar y proyectar el costo que la humanidad deberá pagar para rescatar al capitalismo. Piénsese sólo que desde octubre a la fecha el colapso bursátil ha volatilizado una riqueza equivalente al PBI anual sumado de Estados Unidos y la Unión Europea, para medir cuántas horas de trabajo, cuántas esperanzas, cuánto sufrimiento humano se esfumó en esta primera fase de la crisis capitalista. A partir de allí se podrá intuir cuánto falta por venir y qué costos humanos requiere el salvataje del sistema.

El abismo

A mediados de febrero Dominique Strauss Kahn, titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), admitió que “hay una posibilidad real de que en las próximas semanas o meses algunos países, particularmente los emergentes, necesiten algún tipo de ayuda” y auguró “una segunda vuelta” de la crisis financiera. No estaba pronosticando: innumerables Bancos, encabezados por el Citi y el Bank of América, respectivamente el más grande del mundo y de Estados Unidos, ambos quebrados, aguardan la decisión que enviará a muchos al abismo y salvará unos pocos nacionalizándolos. Paralelamente, después de que Islandia e Irlanda, los modelos súper exitosos de los últimos tiempos, debieran ser rescatados de una caída en barrena, los índices económicos de España, Grecia y Portugal anunciaban que la onda expansiva no se detuvo. Peor aún, comenzó a revelarse otra de las más extraordinarias mentiras de la historia: la supuesta afirmación de los países integrantes del ex Pacto de Varsovia como prósperas economías capitalistas. La otra cara de aquel momento de euforia muestra la caída en dominó de Ucrania, Rumania, Hungría, Croacia, Serbia, Lituania, Letonia y Estonia, a cuyo rescate deben correr las autoridades de la Unión Europea, dado que incluso eludiendo lo obvio: que detrás de esos países se agiganta el peligro de un desplome de la economía rusa, los efectos de esta crisis en cadena sencillamente devastarían al viejo continente. “Hace 20 años que Europa se unió. ¡Qué tragedia sería dejarla dividirse nuevamente!”, reflexionó el presidente del Banco Mundial Robert Zoellick, un estadounidense muy conocido por sus trapisondas en América Latina. Sí: qué tragedia… Las novelas de Erich María Remarque en las que el célebre autor alemán pintó el sufrimiento de cientos de miles de personas (buena parte de ellas de origen judío) lanzadas a la nada entre la primera y la segunda guerras mundiales, vagando constantemente de Este a Oeste y viceversa, sin documentos, sin poder afincarse en ningún país, con toda la inmensa desdicha que describen, apenas si permiten intuir la pesadilla de millones de habitantes del Este y Centro europeos arrojados a la emigración por el colapso de sus economías, intentando cruzar las fronteras para hallar un mendrugo en el Oeste.
El diagnóstico negativo no se limita a los países más pobres de Europa, convencidos en los últimos años de que habían llegado al cielo capitalista. Véase la descripción insospechable del decano de la prensa económica conservadora en el mundo, The Economist, en su edición del 19 de febrero: “En Alemania las órdenes de máquinas y herramientas en diciembre último estuvieron un 40% por debajo del año anterior. En China quebró la mitad de las nueve mil fábricas para la exportación de juguetes. Los embarques en Taiwán de computadoras notebooks cayeron un tercio en enero. El número de autos ensamblados en Estados Unidos estuvo un 60% por debajo de enero de 2008. La producción industrial cayó en los últimos tres meses en 3,6% y 4,4% respectivamente en Estados Unidos y Gran Bretaña (equivalente a una caída anual del 13,8% y 16,4%) (…) Pero el colapso es mucho peor en países más dependientes de exportaciones manufactureras (…) La producción industrial alemana cayó el 6,8% en el último trimestre de 2008; la de Taiwan 21,7%; Japón 12% (…) La industria está colapsando en Europa del Este, así como en Brasil, Malasia y Turquía. Miles de fábricas están siendo abandonadas en el Sur de China. Sus trabajadores fueron a sus domicilios de origen para celebrar el nuevo año en enero. Millones no volvieron nunca”.
Nada mejor se vislumbra en Estados Unidos. “La economía perdió 3,6 millones de puestos de trabajo desde que la recesión comenzó en diciembre de 2007 –afirma The Wall Street Journal el 7 de febrero– la mitad de los cuales se perdió en los últimos tres meses. En enero la suma fue de 598 mil”. Esto ocurrió pese a la inyección de sumas imposibles de concebir, a las que se sumó en febrero el “paquete de estímulos” de 787 mil millones de dólares exigido por Barack Hussein Obama al Congreso y durante cuyo tratamiento quedó a las claras la fractura de la burguesía imperialista al debatir la repuesta a la crisis. Este último salvavidas será insuficiente, según todas las estimaciones, no obstante lo cual, combinado con una baja de impuestos apuntada a aumentar el consumo, llevará a cifras descontroladas el déficit fiscal del presupuesto proyectado para 2010, muy por sobre los 1,75 millones de millones de 2009. Se acelera así la vaporización de todo respaldo real para el dólar, en el mismo momento en que el euro amenaza con desaparecer devorado por las crecientes fracturas en la Unión Europea.
Mientras tanto, la nacionalización de bancos llevó al semanario Newsweek a condenar desde la portada lo que entiende como la marcha de Estados Unidos al socialismo. Sólo que en los países imperialistas el “fortalecimiento del Estado” no supone un paso progresista sino, todo lo contrario, un peligroso deslizamiento en dirección al fascismo.

G-20 y Cumbre de las Américas

Es en este marco que se realizará la Cumbre de las Américas. El borrador de la declaración final, ya puesto a consideración de los 34 jefes de Estado (todos menos Cuba, vetada por Washington de estos encuentros), tiene un título curioso: “Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos promoviendo la prosperidad humana, la energía y la sustentabilidad ambiental”. Cuando los burócratas de la OEA lo redactaron no estaban advertidos de que semejante encabezamiento sonaría a sarcasmo cruel. Luego no tuvieron la perspicacia para cambiarlo. Todo el empeño estuvo centrado en realizarlo en un lugar donde no fuera posible hacer algo semejante a lo ocurrido en la edición anterior, en Mar del Plata, cuando Hugo Chávez presidió un acto de masas con el carácter de contracumbre, donde anunció que a pocos metros había sido muerto y sepultado el Alca.
El anteproyecto recorre todos los lugares comunes reiterados ritualmente en cada encuentro cimero. Y tiene el mismo nulo valor de los anteriores. Al margen de la declaración, la gran pregunta es cómo actuará Unasur en ese escenario: ¿se alineará con la perspectiva estratégica propuesta por el Alba o condonará las resoluciones que dos semanas antes habrá tomado el G-20 en Londres?
Allí cobra todo su negativo significado el hecho de que a la capital británica acudan Brasil y Argentina. Su incorporación, en aparente igualdad de condiciones, al cónclave donde los grandes resolverán la estrategia frente al colapso mundial del capitalismo, se explica precisamente por la necesidad de evitar que América Latina resuelva su propia respuesta.
En el encuentro realizado en Washington en noviembre pasado no se oyó una propuesta de Brasilia y Buenos Aires. Si acaso emitieron un sonido, no traspasó los muros del recinto donde sesionaron. Ni se oyó luego, cuando los mandatarios regresaron a sus países. Al correr la última semana de febrero no hay un solo signo de que las dos economías mayores de Suramérica enarbolen un programa común. Unasur no ha sido llamada a reunión a tal efecto. Por el contrario, Brasil recibió en los últimos meses ayuda del FMI para sortear la amenaza de quiebra en cadena de sus principales Bancos; en Buenos Aires, que dos años atrás pagó al contado la totalidad de la deuda con este organismo, con el argumento de que así se liberaría del yugo, hay voces oficiales que adelantan la necesidad de seguir el mismo camino de Brasil.
Un hecho presumiblemente casual pone una nota aguda para la participación argentina en esa reunión: el 2 de abril es el aniversario del malhadado intento de recuperar las islas Malvinas, en 1982, culminado como se sabe con una ignominiosa derrota. La gesta y su saldo de tantos jóvenes muertos pesa de manera silenciosa en la sociedad argentina. Numerosas organizaciones políticas y sociales han iniciado un movimiento que pretende representar esos sentimientos y lograr que la presidente Cristina Fernández no concurra a Londres.
El encuadramiento de Brasil y Argentina en el programa de las grandes potencias frente a la crisis significaría un revés para el proceso de convergencia suramericana, pero sobre todo el ingreso a un callejón sin salida para ambos países. La interpretación según la cual con el cambio de presidente y la aplicación de un plan keynesiano Estados Unidos gira hasta colocarse en el mismo rumbo de marcha de gobiernos del Sur considerados progresistas, es un error de inabarcables proporciones. No sólo porque asimila de manera superficial al teórico imperialista.
También y sobre todo porque desconoce dos diferencias cruciales: el cuadro de situación incomparable al que le dio respuesta y la distancia entre una economía dominante y otras subordinadas.
La opción consiste, ni más ni menos, en servir como fuente de recursos para la contraofensiva económica del Norte o en la utilización de esos recursos para una estrategia propia, común a toda la región, de complementariedad, solidaridad y respaldo mutuo. Ya llega la devastadora onda expansiva del estallido de las economías capitalistas centrales. América Latina y el Caribe están en las vísperas de una batalla histórica.





Qué es el Grupo de los 20

Fundado en 1999, el G-20 reúne a los siete países de mayor desarrollo capitalista: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, más Rusia, más un selecto conjunto de países denominados (no sin ironía) “emergentes”: Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, República de Corea, Sudáfrica y Turquía, con más un representante de la Unión Europea.






Qué es el Alba

La Alternativa Bolivariana para las Américas nació como acuerdo bilateral de los gobiernos de Cuba y Venezuela. Luego se incorporó Bolivia y más tarde hicieron lo propio Nicaragua, Dominica y Honduras. Ecuador se asocia al proyecto sin integrar formalmente el grupo. En su reunión de noviembre último el Alba resolvió crear una moneda común, el Sucre, que obrará como medio de cuenta para viabilizar el intercambio entre estos países. Proyecta la creación de un Banco Central y avanzar hacia una moneda única.











AméricaXXI

Desde Venezuela para todo el continente

miércoles, marzo 04, 2009

Periodista vs. Prensero, dos profesiones distintas

Dentro del oficio del periodismo no está bien visto el hacer prensa, y dentro de este mismo ámbito es abismal la diferencia entre el periodista de escuela y el de calle.
Muchas veces, quien accede al periodismo para obtener una credencial con la idea de satisfacer propósitos mezquinos con el tráfico de influencia, puede ser un eficaz negociante o un buen gestor –“coyote”-pero no un periodista, sentencian Vicente Leñero y Carlos Marín en el Manual de Periodismo de la editorial Grijalbo
Hay escuelas de periodismo y hay periodista que no necesitaron pasar por escuelas. Los grandes comunicadores son grandes por eso, por que saben comunicar en un lenguaje liso y llano toda su sabiduría, que no se limita a un solo rubro. Los periodistas natos tienen una gran sensibilidad por el arte, por la cotidianeidad de los sucesos, tienen por sobre toda las cosas un apego a la verdad para ponerlo al servicio a la comunidad.
En cambio, está el periodista de escuela, ojo, que también existe la posibilidad de ser periodista de raza y pasar por una escuela a pulirse, pero no viceversa, a los que hacen prensa solo los pule el contacto con los empresarios.
Ahora, si uno estudia para ser periodista, tiene que estudiar para ser periodista, no existe eso de ser periodista deportivo, de espectáculo, de economía, de política, el periodista debe manyar mejor que el común de la gente de esos temas, deber estar al tanto e informado de la película argentina seleccionada para participar en el Festival de Cannes, debe saber el accidente recientemente ocurrido en Panamericana, la liberación de un secuestrado en la selva colombiana. Es seguro que a uno le guste o se sienta más cómodo en un área que otra, pero que encima de estudiar la carrera de periodismo que sólo es de tres años y en algunos institutos se dicta sólo tres veces por semana, se le acote más el conocimiento al área minúscula de la que piensa trabajar, no creo que a futuro le de resultados. Sí de improviso lo debieran enviar a cubrir una toma de rehenes o sea transferido a la sección de educación, ¿qué pasaría?.
También están los que han estudiado periodismo y a veces no lo hacen por llevar la premisa de decir la verdad constantemente a la sociedad y se vuelven prenseros o voceros de prensa de de las empresas, que también es muy válido, no es lo mismo decir los pro de tal empresa y omitir las contras, es ahí en donde el periodista asciende económicamente, ya que empieza a cobrar muy bien porque ya ha encadenado su nombre al de la marca que lo contrato, el nombre, como dice el periodista Juan Pablo Meneses es el verdadero capital. Y hay que estar muy al tanto de los periodistas que trabajan ó trabajaron con políticos o con empresas, ya que cuando pasa el tiempo y vuelven a los medios, siempre estará la duda si para que diga tal o cual cosa no fue pagado. No por nada, la reputación periodística de Bernardo Neustand no es la mejor, de hecho el día de su muerte Página/12 titulo “Debió haber muerto el día del lobbista”, en referencia a que B.N falleció el 7 de junio, día del periodista.

Por Graciela Soto.

lunes, febrero 09, 2009

Otra vez la opción entre institucionalidad y violencia


Símbolo: la réplica pública, del general Jesús González González a un intento de penetración golpista en las fuerzas armadas, quince días antes del referendo, prueba la fortaleza ideológica del alto mando militar en momentos en que Venezuela se apronta a medir la posibilidad de dar un nuevo y presumiblemente decisivo paso adelante en la revolución, por medios institucionales y democráticos. La detección de una conspiración montada en Puerto Rico por conspicuos opositores y funcionarios del Departamento de Estado mostró la eficiencia del Gobierno en ese terreno y paralizó los reflejos de los golpistas. También fallaron los intentos de lanzar a grupos estudiantiles a la guarimba. El despliegue del Psuv como fuerza política actuante es la novedad más notoria en esta campaña electoral.
Otra vez conspiraciones de opositores comandados por la CIA, ensayos violentos de grupos estudiantiles, operaciones terroristas de grupos paramilitares, campaña de rumores, maniobras de desabastecimiento y pruebas de seducción al generalato, anteceden a un acto comicial. Como ocurrió antes de cada elección en los últimos años, la oposición comprende la significación estratégica de una nueva derrota electoral y apela otra vez a la violencia. Como antes, pero más. Todas las encuestas adelantan una victoria del Sí para el referendo del 15 de febrero, por el cual se pondrá a votación ciudadana la enmienda que remueva los impedimentos para la reelección en los cargos de presidente, diputados, gobernadores y alcaldes.
Siempre dirigida y financiada por el gobierno estadounidense, la oposición necesita impedir la transición pacífica hacia el socialismo. Por la misma razón, las diferentes fuerzas comprometidas con esa estrategia encarnada en Hugo Chávez necesitan impedir un estallido de violencia. ésa es la verdadera alternativa en juego el 15 de febrero. A diferencia del fugazmente exitoso golpe de 2002, pero también de los escarceos subversivos reiterados antes de cada elección, esta vez sin embargo el gobierno del presidente Hugo Chávez ha mostrado una capacidad cualitativamente superior para defender el cuerpo institucional y abortar a tiempo operaciones inequívocamente apuntadas a desatar la violencia generalizada. Esa diferencia fundamental está a la vista en el accionar político del Partido Socialista Unido de Venezuela y en la eficiencia de los organismos de seguridad del Estado.
Hubo incluso un rasgo de humor en el contragolpe a los conjurados: la conspiración fue expuesta cuando los participantes –entre ellos Alberto Federico Ravell, director del canal ultraopositor Globovisión– llegaron en un vuelo privado al aeropuerto de Maiquetía: un joven periodista, en tono de broma, los encaró con preguntas respecto del hotel donde habían estado, con datos precisos sobre participantes, horarios y actividades, que desconcertaron e hicieron perder el equilibrio a los intrigantes. Pocas municiones más devastadoras que el ridículo. El video, mostrando su perplejidad no exenta de miedo ante la evidencia de que ya no son los dueños impunes de la política venezolana, operó como una campaña electoral en sí mismo.
Simultáneamente el Gobierno y el Psuv enfrentaban con inusual eficiencia política y comunicacional a pequeños grupos estudiantiles que, seguramente llevados por erróneos cálculos de los dirigentes de Acción Democrática, Copei, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y otros partidos de oposición, anunciaron su propósito de “incendiar el país y sus ciudades”. Un puñado de jóvenes comenzó el plan con incendios en el cerro El ávila. Pero el intento se les volvió en contra. En pocos días el pretendido movimiento estudiantil –prefabricado a fuerza de dólares y directivas impartidas en cursos para jóvenes pseudo dirigentes en Miami– fue expuesto en sus intenciones y su debilidad ante la opinión pública nacional. Sólo les quedó la confusión internacional, provocada por la manipulación informativa de grandes cadenas periodísticas que llevaron al exterior la falsa idea de una verdadera insurrección juvenil.

Paramilitares colombianos y cómplices locales

Coincidentemente, en El Vigía, Estado Mérida, el 29 de enero fue desbaratado un grupo paramilitar perteneciente a las denominadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). La banda estaba integrada por cuatro ciudadanos colombianos, que confesaron pertenecer al Bloque águilas Negras que opera en la frontera con Venezuela. Efectivos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), incautaron armamento de guerra compuesto por granadas, explosivos, municiones de todo tipo, fusiles y equipo de campamento, así como mapas donde se establecía la ubicación de fincas y nombres de los propietarios, quienes podrían ser potenciales víctimas de secuestro y extorsión. “Esto ha sido otro golpe importante al narcoparamilitarismo”, dijo el ministro El Aissami, acotando que se está investigando la posible relación entre esta banda paramilitar colombiana y los crímenes cometidos en Venezuela, como por ejemplo el reciente caso donde están involucrados policías que fueron detenidos en El Vigía, acusados de masacrar a ocho jóvenes. Pocos días antes se habían incautado armas, granadas y dos kilos de explosivos C4 en la ciudad de Maracay, 80 kilómetros al oeste de Caracas. La muchas veces denunciada penetración en Venezuela de paramilitares colombianos, que junto con maleantes locales contratados por la oposición expanden sus acciones delictivas, trafican con drogas y alimentan la inseguridad en la sociedad, al parecer ha comenzado a ser combatida en los hechos.
Por si faltara algo, un reconocido consultor que realiza encuestas para los partidos de oposición, Luis Vicente León, se plantó en un programa de Globovisión para explicar que, muy lamentablemente, el Sí había revertido la tendencia y, después de estar ocho puntos por debajo del No, aventajaba ahora por el 51,5% a la oposición. En realidad se trata de una maniobra obligada para quienes, al servicio de campañas opositoras con mentiras sistemáticas, días antes de la elección deben ajustar sus reportes para salvar la cara ante el veredicto de las urnas. Como sea, el hecho es que semejante revelación fue llover sobre mojado para las desmoralizadas huestes de las dirigencias tradicionales, que a partir de entonces han tenido que centrar su discurso en la necesidad de que sus adherentes concurran a votar.
En esas circunstancias, cerebros ocultos apelaron al ex general Raúl Baduel, convertido en furibundo golpista, para producir un hecho político. Mientras daba un discurso en un recinto estudiantil, explotó una granada de gas lacrimógeno y se produjo el consiguiente tumulto. A la vez, su camioneta estacionada fuera y sin nadie dentro era baleada. Por supuesto el ex militar que juraba su compromiso con el socialismo del siglo XXI denunció represión e intentos de asesinato que, por supuesto, no amilanarían su coraje. Fue el propio Chávez quien respondió: en uno de los muchos discursos con los que organiza a sus partidarios, explicó que tenía informes precisos de inteligencia respecto de ese incidente. Sin nombrarlo describió a un dirigente opositor transfugado de las filas chavistas el año pasado (presumiblemente Ismael García, quien desde hace meses dirige un programa en Globovisión, pese a sus escasas condiciones para ése y otros menesteres) y dijo tener pruebas de que alguien de su grupo político había lanzado la granada, ridiculizando además el hecho de que se baleara un carro vacío.
Pero el hecho más resonante, por sus implicancias en diferentes planos, fue la rueda de prensa en la que el general Jesús González González, acompañado por el vicepresidente Ramón Carrizales y el alto mando militar, denunció un editorial redactado por el inefable Teodoro Petkoff, en el cual el ex ministro neoliberal de Rafael Caldera, ex guerrillero y ex comunista, intentaba seducir públicamente al comandante estratégico de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana para que pasara a las filas de la oposición o por lo menos se dejara neutralizar. En una pieza política que presumiblemente será estudiada por los militares de todo el continente, González González denunció pasado y presente de Petkoff, explicó el papel que cumple como titular del Plan República encargado de custodiar el acto electoral y expuso con elocuencia inusual en tales cargos su compromiso con la Revolución Bolivariana, con la transición al socialismo y con el comandante Hugo Chávez. No faltaba más para aislar, desmoralizar y aumentar la fragmentación de las filas opositoras.

Campaña electoral y contenido político

En ese cuadro general, Chávez asumió más que nunca su condición de presidente del Psuv. En maratónicas reuniones con miles de activistas, a lo largo y ancho de Venezuela, desplegó un esfuerzo singular por poner en marcha una campaña electoral en la cual la explicación detallada y profunda de las causas por las cuales es necesario votar por el Sí reemplace la simple repetición de consignas. Mucho más que en elecciones anteriores, ésta se parece a la vez a una escuela de cuadros y una propaganda medular del proyecto revolucionario. Además de las reuniones multitudinarias donde explica como maestro de escuela, hace preguntas, toma exámenes orales y escritos, el Presidente inauguró otro recurso: tres notas periodísticas por semana, que se publican en 28 periódicos, por lo general de menor circulación, en todo el país. A través de ellas realiza lo que tradicionalmente han buscado dirigencias de izquierdas con sus periódicos: educar, organizar y dirigir a sus partidarios.
En los meses venideros podrá medirse con mayor precisión el saldo de este cambio en la metodología política y su proyección en una genuina participación masiva con conciencia e ideas claras. Mientras tanto, el despliegue de miles de militantes para ir casa por casa a explicar el sentido del Sí y contrarrestar la muy científicamente elaborada campaña de rumores, indica un cambio significativo en el accionar político, encarnado en un Psuv movilizado. En 2007, cuando la propuesta de reforma constitucional fue derrotada por una abstención de un millón y medio de votantes que un año antes habían reelegido a Chávez con su propuesta de marchar al socialismo, rumores tales como que se quitaría la patria potestad, se expropiarían pequeños comercios y talleres, no se permitiría poner a los hijos otros nombres que los indicados en un listado de 60 elegidos por Chávez, cumplieron con el objetivo de confundir, atemorizar y desmovilizar. Ahora los “patrulleros” (nombre dado a la militancia del Psuv en campaña electoral) cuadriculan su área de intervención y van casa por casa a rebatir esos infundios y explicar los propósitos de la revolución.

Institucionalidad o violencia

La paradoja constantemente renovada de una revolución pacífica vuelve así a plantearse en extrema tensión. Es obvio que si queda institucionalizada la posibilidad de que en 2013, al terminar su mandato, Chávez pueda ser nuevamente candidato, la oposición no tiene la menor chance de disputar el gobierno. También es claro que en ese caso, la unidad del Psuv y del conjunto social que apoya la revolución no estarán en peligro. Lo contrario ocurriría si fuera necesario elegir un sucesor de Chávez.
El previsible resultado electoral del 15 de febrero exacerba por eso los pujos violentos de la oposición. Con trabas circunstanciales por la necesidad de cuidar la imagen pública de Barack Hussein Obama, el Departamento de Estado no puede actuar con el descaro con que lo hiciera su antecesor. No obstante, la presión es tal, es tanto lo que se juega en términos estratégicos, que el nuevo ocupante de la Casa Blanca ha repetido sin modulaciones el cántico de la administración anterior acusando a Chávez de impedir el progreso de América Latina (!!), de estar involucrado con el terrorismo mundial y de apoyar a las Farc y el narcotráfico.
Si el grueso de los votantes opositores vislumbrara su propio futuro en caso de que la perspectiva institucional fuera trocada por la violencia, seguramente acudiría a votar por el Sí. Nadie que tome en cuenta la realidad mundial de estos días, la coyuntura latinoamericana y el punto en el que se halla la ebullición social en Venezuela, desconocerá que si la oposición logra oponer el curso institucional con el curso de la revolución, sencillamente caerán las instituciones de la Quinta República.
Es improbable que el votante medio de la oposición tenga clara conciencia de eso. Por el contrario, es presumible que, inconscientemente, una buena parte de ellos opte por la pasividad y le reste apoyo a la oposición. Numerosos indicios muestran que los dirigentes tradicionales han comprendido esa dinámica, lo cual multiplica su necesidad de apelar a la violencia antes, durante o inmediatamente después del referendo. La paz tiene así una nueva y difícil prueba el 15 de febrero en Venezuela. De lo que resulte depende en gran medida el futuro de América Latina.



Obreros asesinados

El 29 de enero, en el marco de las operaciones de desestabilización, fueron asesinados dos obreros de la empresa MMC Automotriz S.A, ensambladora de los automóviles Mitsubishi y Hyundai, en Barcelona, Estado Anzoátegui. El oscuro episodio ocurrió cuando la policía intentó desalojar la fábrica que los trabajadores ocupaban por un conflicto sindical. Hubo también seis obreros heridos. El gobernador del Estado, Tarek William Saab, ordenó la inmediata suspensión de los policías participantes, quienes quedaron a disposición del Ministerio Público. Repudió igualmente la actuación de las dos juezas que intervinieron en la medida judicial. En un acto público, Hugo Chávez sostuvo que los policías asesinos deben ser identificados e inmediatamente encarcelados. Por su parte el gobernador solicitó que el poder Judicial de Anzoátegui suspenda de sus cargos a las magistradas Diana Vásquez (Juez II de Ejecución) y Lourdes Villarroel (Juez II de Ejecución). “No solamente serán sancionados individualmente los que hayan aparecido en la comisión de hechos punibles, sino también los funcionarios que allí actuaron, incluyendo los dos comisarios y los dos subinspectores que allí estuvieron presentes, porque como jefes de estos funcionarios policiales, saben que existen órdenes emitidas por el ciudadano gobernador que prohíbe armas de fuego”, dijo Tarek William Saab.



Fuente: Revista América XXI

viernes, enero 23, 2009

SI o NO, a la constitución de Evo Morales


"No", esa es la consigna que se repite en cada esquina de la prospera Santa Cruz de la Sierra. Y en verdad no es una novedad. Aquí la mayoría votará esa opción para el referéndum constitucional que se desarrollará el próximo domingo. Sin embargo, los encuestadores privados dan como ganador al proyecto constitucional impulsado por el presidente Evo Morales.
Según las últimas mediciones, el "Sí" obtendría el mayor porcentaje de los votos e incluso en el departamento opositor de Santa Cruz el resultado sería muy ajustado para males de los prefectos opositores.
Ayer cerraron las campañas ambos mandos. El presidente Morales pronunció su último discurso en la plaza murillo, en el alto. Y la oposición finalizó en el Cristo de Santa Cruz con una gran concurrencia de cruceños.
Pero ¿Qué se juegan los contrincantes en estas elecciones? Mucho.
El presidente pone en juego su poder y su proyecto socialista para sacar al país de un letargo neoliberal. Los opositores, por su parte, la última chance de contrarrestar el auge del MAS y posicionarse para las próximas elecciones con chances.
Ambos sectores saben que una derrota los dejará con pocas ambiciones para los próximos años y casi sin posibilidades de poner sus programas en práctica.
Por el lado del oficialimo, sigue firme la posición de transformar al Estado boliviano en socialista contra viento y marea y por el lado de los prefectos de la media luna continuan insistiendo en concretar sus autonomías para manejar sus propios recursos sin la intervención del poder central.
La nueva constitución representa un peligro para los sectores más pudientes de Santa Cruz y el resto de la media luna (Beni, Pando y Tarija) por eso se entiende que por estas horas la temperatura política haya subido en este país.
La nueva carta magna será plurinacional entre otras cosas. Es decir que todos los pueblos aborígenes tendrán vos y voto y por primera vez serán parte del Estado ya que durante años permanecieron fuera del sistema y marginados por el poder. Los derechos básicos estarán garantizados para todos los habitantes de estas tierras. Y cada ciudadano podrá escoger su propio credo.
Estos tres puntos son los que más controversia han generado dentro de las filas opositoras. Pero los argumentos de estos últimos no alcanzan para terminar de convencer a los bolivianos de que opten por el No.
Los pueblos originarios creen que esta es una gran oportunidad para cambiar después de años de gobiernos conservadores que sólo siguieron los lineamientos de Estados Unidos.
Es que el proyecto del MAS es soberano y republicano eso está fuera de discución. Y esto ha repercutido en las masas. La posibilidad de trabajar tierras improductivas, la recuperación de los recursos naturales y servicios públicos, más los buenos números de la economía nacional y la posibilidad de recibir el título de bachiller en forma gratuita le garantizan a Morales la mayoría de los votos.
A partir de hoy rige la ley seca, las calles de Santa Cruz siguen su ritmo habitual, pero algo está pronto a cambiar en el altiplano a partir del domingo.
Desde Santa Cruz de la Sierra
Juan Mansilla.

martes, diciembre 16, 2008

¡Este es tu beso de despedida! ¡Perro!


Se han visto volar un par de zapatos, que casi invisibles por su velocidad, le rompían la cabeza al cretino.
Igualmente, nada hubiera cambiado si esos zapatos violentos se estrellaban contra la burlona boca del canalla, ya que los años de saqueo, bandidaje y de robo, del ejército imperial de ocupación yanqui, no iban a borrarse de la memoria de nuestra historia por una cuestión de puntería. Las toneladas salvajes de bombas ya han caído sobre Bagdad. Los misiles de los profetas de la “libertad” ya han masacrado a un pueblo indefenso y los ejércitos de ocupación han usurpado ya, un territorio que no les pertenece.
La digna, pero estéril, actitud del periodista iraquí, que arrojó el día de ayer, sus dos zapatos contra la inhumanidad de George Bush, merece igualmente una aprobación solo por el hecho de querer dañar el rostro del “perro” invasor. Fue una exteriorización de la ira, de la indignación, de la impotencia de querer vengar tanta muerte, tanta burla y tanta infamia, que se le ha obligado sufrir a un pueblo, solo por el hecho, de que los intereses del imperio demandan el saqueo de la nación iraquí.
Este hecho, la agresión de un civil al presidente de una nación, hecho grave en sí en cuanto a la cuestión diplomática se refiere, de todos modos se nos presenta como una nota de color, como se le suelen llamar a cuestiones estúpidas y sin trascendencia en los medios de comunicación, como un hecho casi sin importancia, debido a que el contexto histórico en el cual se desarrolló dicho ataque, es infinitamente más grave, que un par de zapatos en el aire, en busca de un rostro. Hay un contexto de sangre inocente derramada, destrucción, muerte, mentiras que dieron origen a una invasión injustificable, que no puede tapar ningún zapato que vuele en dirección a la cara de cualquier mandatario del Globo. Hay un trasfondo de saqueo descarado, que la potencia número uno del mundo viene ejerciendo en Iraq desde el año 2003, cuando en base a mentiras de las más disparatadas e increíbles, se lanzó a una de las tantas aventuras bélicas de su historia, declarando esta guerra que ha provocado, la destrucción de un país, el desprecio hacia una cultura milenaria y el intento de la imposición de la cultura invasora, el agudizamiento de los conflictos internos entre distintas etnias, generando el estallido de una violenta guerra civil, y la muerte de cientos de miles de civiles entre otras cosas.
No pretendo historiar, el prontuario asesino de la nación que ama sumar estrellas en su bandera; la nación que cometió el hecho más monstruoso, aberrante, violento y bestial de la historia, en Hiroshima y Nagasaki, cuando hizo estallar sobre ciudades pobladas de civiles dos bombas nucleares innecesarias para el curso de la segunda guerra mundial que ya estaba en plena etapa de culminación, y con el Japón rendido. No aceptaron la rendición nipona, y en claro deseo de imponerle al mundo su terror, y a establecerse como primera potencia mundial, cometieron ese bárbaro y criminal acto que devastó dos ciudades enteras, en plena hora pico, cuando la gente iba a sus trabajos, y los niños a sus escuelas.
No pretendo ahora escribir sobre la guerra del golfo, (primer intento de Estados Unidos en sus apetitos petroleros en Iraq), sobre la guerra de Afganistán, sobre la guerra de Vietnam, sobre la guerra de Corea, sobre el Plan Cóndor (plan de inteligencia ideado por la CIA con el objetivo de imponer en Latinoamérica en la década de los 70, regimenes militares que respondieran a sus intereses económicos y políticos, y que sirvieran para luchar contra los movimientos de izquierda surgidos en la región. No pretendo hablar ahora sobre Nicaragua, El Salvador, el Plan Colombia, Panamá, el golpe de Estado a Chávez en Venezuela, el intento de golpe de Estado a Evo Morales en Bolivia, el robo de territorio a México, la base de Guantánamo, o el bloqueo imperdonable a Cuba desde hace 46 años. Ni sobre ninguna de éstas recurrentes maniobras, que Estados Unidos ha utilizado a lo largo de su historia, con el fin de querer mantener y extender sobre el globo su área de dominio e influencia, construyendo un mundo, a su imagen y semejanza.
No pretendo escribir sobre nada de eso, mi único objetivo en este escrito, es de una sencillez elemental, que es lamentar que ese zapato no hubiera hecho sangrar el inmundo rostro del villano, y desear, que ese calzado, se reproduzca, se multiplique infinitamente, y que en una bonita y extraña metamorfosis, se convierta algún día, en piedras, en cascotes, bombas molotov, en balas justicieras, en toda clases de elementos contundentes, que arrojadas por manos heroicas, pudieran matar y ajusticiar a canallas como Bush.

Alexis Gagliardi

jueves, diciembre 04, 2008

Dos caminos frente a la quiebra mundial del capitalismo

Opciones:dos encuentros presidenciales tuvieron lugar en noviembre con el objetivo de expedirse frente al colapso financiero internacional y su ominoso presagio para el porvenir de la humanidad. El primero, convocado por George Bush reunió al G-20 en el Museo Nacional de la Construcción, en Washington. Citado por Hugo Chávez, el segundo aunó a los países del Alba y sesionó en el salón Ayacucho del Palacio de Miraflores. En la capital del imperio se acordó un documento errático y sin definiciones precisas, excepto el propósito común de restaurar el capitalismo y corregir lo que diferentes mandatarios calificaron como “excesos por falta de regulación”. En Caracas, tras diagnósticos demoledores que expusieron la gravedad de la crisis sistémica y su carácter estructural, se adoptaron medidas económicas y políticas trascendentales, como la creación de una zona monetaria común, la decisión de acabar con la hegemonía del dólar en el comercio internacional y la defensa de la multipolaridad. Si Bush pudo vanagloriarse de atraer a China, Brasil y Argentina a su reunión de potencias imperialistas, la reunión del Alba concluyó con una cena a la cual se sumó el primer mandatario ruso, en nítido esbozo del nuevo mapa político planetario que comienza a dibujar la crisis.

Sería excesivo denominarlo “Ayacucho del siglo XXI”. Pero el espíritu de Antonio José de Sucre, el vencedor de la última batalla contra el imperio español, estaba presente en el Palacio de Miraflores en la mañana del 26 de noviembre, cuando los mandatarios de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Honduras y Ecuador, acompañados por mínimas comitivas, comenzaron un debate inusual en este tipo de reuniones. Tanto, que siete horas después, tras una encendida batalla de ideas, caracterizaciones y propuestas, los jefes de Estado y de gobierno aprobaron la creación de una zona monetaria común y dieron nacimiento al Sucre, moneda de cuenta como instrumento para el intercambio que además denomina al nuevo mecanismo: Sistema Unitario de Compensación Regional.
La III Cumbre Extraordinaria de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba - TCP) no fue uno más de los innumerables encuentros presidenciales de los últimos años. No sólo porque reinó un clima diferente entre los participantes, despojados de formalidades y vaciedades diplomáticas, sino porque en línea con los rasgos que los caracterizan, Hugo Chávez, Ricardo Cabrisas, Evo Morales, Daniel Ortega, Roosevelt Skerrit, Manuel Zelaya y Rafael Correa buscaron y hallaron respuestas a la crisis que sacude al planeta desde una perspectiva no sólo autónoma sino francamente opuesta a la que sostienen los centros imperiales.

Sirena sin voz pero con poder

La verdadera significación de las decisiones del Alba aparece cuando se toma en cuenta el encuentro de presidentes en Washington. Calificar la reunión del Grupo de los 20 como un gesto vano del presidente saliente de Estados Unidos, deja de lado su verdadero objetivo estratégico. La vaciedad del documento final se explica por la imposibilidad obvia de hallar una respuesta clara –mucho menos común– al colapso capitalista. Es discutible sin embargo que el objetivo de los organizadores haya sido emitir una proclama de principios imperialistas. La insólita convocatoria tuvo otro propósito. Y no ocurrió por impulso de un presidente desprestigiado y carente de poder como nunca antes en la historia estadounidense, sino por decisión de los estrategas del Departamento de Estado, que buscaron un objetivo de estricta madera política: impedir que China y América Latina enfilaran hacia la constitución de subsistemas financieros regionales e ingresaran al nuevo escenario internacional abierto por la crisis con líneas de acción independientes de la voluntad y de los intereses del G-7 (Estados Unidos, Alemania, Japón, Francia, Canadá, Italia e Inglaterra).
El canto de la sirena del Dólar ya no tiene capacidad para extasiar a los marineros que acompañan a Ulises en el tormentoso mar de las finanzas desquiciadas. No obstante, todavía gravita lo suficiente para que algunos timoneles desvíen sus barcos del camino a Itaca, para enfilar hacia los mortales arrecifes en torno a la Casa Blanca. El saldo real de la cumbre del G-20 consiste en que China, Brasil y Argentina acudieron al llamado de Bush (los restantes países de este conjunto, sobre todo India, México, Arabia Saudí, Indonesia y Corea del Sur, no entrañan por el momento el peligro de salirse de la órbita de Washington).
En modo alguno el resultado de aquel encuentro fue concluyente en el sentido buscado por el Departamento de Estado. China está condicionada por los efectos gravísimos de la recesión mundial sobre su economía y amenazada como nadie por el eventual colapso final del dólar. Es improbable que la foto de Hu Jintao al lado de Bush garantice que Beijing y Washington recorran a la par el período por venir. Lo mismo vale para Brasil, cuya economía sufre más que ninguna en Suramérica y afronta riesgos extremos a partir de 2009. Lula sonreía incómodo a la diestra del espectro errabundo que ocupa todavía la Casa Blanca. Argentina, por su parte, golpeada doblemente por la detonación de la crisis económica y el debilitamiento político del gobierno por causas de otra naturaleza, garantiza todo menos firmeza tras un rumbo definido.
Esto no puede ocultar, sin embargo, el éxito relativo de los estrategas imperialistas: para observar sólo este hemisferio, a excepción del Alba, ninguna de las instancias regionales se reunieron para tomar cuenta de la crisis y diseñar una respuesta común. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), formidable conquista reciente en pos de la convergencia suramericana quedó muda y paralizada, tal como le ocurrió al Mercosur, para no hablar de la moribunda Comunidad Andina de Naciones (CAN). En lugar de convocar una urgente reunión de Unasur, Brasilia y Buenos Aires acudieron a Washington. Mientras tanto, los mandatarios de Perú, Chile y Colombia se refugiaron en otra cumbre a la que acudió Bush: la de la Apec (Asia-Pacific Economic Cooperation), reunida en Lima.

¿Reversión de la tendencia?

Después de ocho años en los que una fuerza centrípeta en Suramérica produjo un drástico cambio geopolítico en detrimento del imperialismo en general y del estadounidense en particular, cabe la incógnita: ¿revierte la tendencia y una fuerza centrífuga acentuada por el colapso mundial destruirá las conquistas logradas en lo que va del siglo?
Los crecientes choques por las razones más diversas entre Brasil y Argentina, Ecuador y Brasil, Uruguay y Argentina, Paraguay y Brasil… son indicativos de la gravitación múltiple de fuerzas internas y externas que atentan contra el proceso de unión regional predominante en los últimos años. Como desde estas páginas se remarcó hace mucho tiempo, tras la gran victoria contra el Alca, una contraofensiva imperialista introdujo una cantidad de factores contrarios a la convergencia suramericana. No obstante, la fuerza disgregadora más potente proviene del papel jugado por las burguesías regionales. La competencia por los mercados prevalece y, en mayor medida cuanto más poderosas son las clases dominantes de cada país, alimenta fuerzas de choque interno. Con la irrupción de la crisis mundial, esas fuerzas objetivas se conjugan para arrastrar a gobernantes verbalmente comprometidos con el propósito latinoamericanista. Esta es la encrucijada ante la cual habrá que optar sin demora.

Pesos y medidas

Washington continúa actuando según la directriz estratégica que lo guió durante décadas: hacia donde vaya Brasil, irá América Latina. De allí el llamado al G-20. De allí, también, la trascendencia de la cumbre extraordinaria del Alba. Es obvia la gravitación económica, geográfica y poblacional de Brasil. Con el concurso pasivo de Argentina, ese peso supera largamente al de los seis países del Alba (más Ecuador). Pero la aritmética simple no siempre se lleva bien con la política. Tanto menos con la estrategia. La realidad interna de Brasil, Argentina, México y Colombia –para tomar sólo a los países de mayor peso económico– no conjuga con una orientación que lleve a subordinarse a las necesidades de las metrópolis imperiales. Gobernantes, intelectuales y medios de prensa no parecen haber asumido todavía la magnitud de la crisis que se descargará sobre el mundo entero. Se precipite o no el colapso en el futuro inmediato, la economía mundial marcha hacia una depresión sin precedentes en la historia del capitalismo. Está en ciernes una volcánica transformación política que en diferente grado pero con pareja violencia cambiará el mapa de Alaska a la Patagonia. Los tradicionales aparatos políticos de las clases dominantes –sin excluir a los partidos Demócrata y Republicano de Estados Unidos– saltarán por los aires. El fascismo será el desemboque inevitable de todas aquellas tendencias que rechacen una perspectiva basada en las necesidades de los pueblos.
Es en este cuadro que cobran su verdadera dimensión los acuerdos alcanzados en Caracas por los países del Alba. En la declaración final de la Cumbre queda afirmada la decisión de “construir una zona monetaria que incluya inicialmente a los países miembros del Alba (la Mancomunidad de Dominica participaría en calidad de observadora) y a la República del Ecuador, mediante el establecimiento de la unidad de cuenta común Sucre (Sistema Unitario de Compensación Regional) y de una cámara de compensación de pagos. La creación de esta zona monetaria se acompañará del establecimiento de un fondo de estabilización y de reservas con aportes de los países miembros, con el fin de financiar políticas expansivas de demanda para enfrentarse a la crisis y sostener una política de inversiones para el desarrollo de actividades económicas complementarias”. Los mandatarios presentes aprobaron por unanimidad la decisión de crear “una zona económica y monetaria del Alba-TCP que proteja a nuestros países de la depredación del capital transnacional, fomente el desarrollo de nuestras economías y constituya un espacio liberado de las inoperantes instituciones financieras globales y del monopolio del dólar como moneda de intercambio y de reserva”. Y afirmaron la decisión de “articular una respuesta regional, impulsada por el Alba-TCP, que busque la independencia respecto a los mercados financieros mundiales, cuestione el papel del dólar en la región y avance hacia una moneda común, el Sucre, y contribuya a la creación de un mundo pluripolar”. Desde su perspectiva antimperialista y en dirección al socialismo del siglo XXI el Alba pasó de la palabra a la acción, en claro contraste con el resto de los países. A mediados de diciembre los presidentes de Suramérica volverán a reunirse, esta vez en Brasil. Nada definitivo saldrá de allí. Será un episodio más en la lucha por definir un rumbo. No obstante, allí jugará su destino más de un gobierno. Y se verá con mayor nitidez qué camino toma cada quien en la encrucijada histórica del continente.

Por Luis Bilbao
Fuente: América xxi

miércoles, noviembre 26, 2008

El G-20, El G-21 y El G-192



Como si no existiesen suficientes causas para enloquecer, la proliferación de siglas con motivo de la crisis se multiplica de tal modo, que nadie acaba de entenderlas. La primera fue la del G-20, grupo selecto que en Washington pretendió representar a todos; la segunda, el grupo también selecto de APEC que se reunió en Lima; ahí estaban presentes el país más rico, Estados Unidos, en el número uno, con un PIB per cápita de 45 mil dólares por año, y el que ocupa alrededor del número 100, la República Popular China, con 2 483, el mayor inversor en Bonos del Tesoro de aquel país.
El G-192 es como el presidente Leonel Fernández, de la República Dominicana, que no está en ninguno de los dos, denomina a tal grupo, aludiendo a la cifra de miembros de las Naciones Unidas en una conferencia económica con la participación de Joseph Stiglitz, Premio Nóbel de esa ciencia.
George Soros, gran magnate de origen húngaro y ciudadano norteamericano inmensamente rico, escuchaba entre otras importantes personalidades.
Es tarea de ajedrecistas desentrañar los argumentos de tan diversos intereses nacionales y empresariales de los grupos G-20 y G-21.
Lo real es que, si un país del Tercer Mundo suscribe a la vez acuerdos de libre comercio con ocho o diez países desarrollados o emergentes, entre los cuales algunos se caracterizan por ser productores tradicionales de mercancías abundantes y atractivas a bajo costo o productos industriales sofisticados, como Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea del Sur, etcétera, la naciente industria de un país en desarrollo tendrá que competir con los sofisticados productos que salen de la industria de los más desarrollados o de las manos laboriosas de sus poderosos socios, uno de los cuales maneja a su antojo las finanzas mundiales. Les correspondería sólo el papel de productores de materias primas baratas requeridas de grandes inversiones que serán en todo caso propiedad extranjera con plenas garantías contra veleidades nacionalizadoras. No les quedaría más que las manos extendidas esperando el piadoso apoyo al desarrollo, y una eterna deuda a pagar con el sudor de sus hijos. ¿No es acaso lo mismo que ha ocurrido hasta hoy?
Por ello no vacilo en solidarizarme con la posición de Chávez, cuando afirma que no está de acuerdo con la receta de Lima. Sobran razones. Observemos el desarrollo de los acontecimientos, exigiendo derechos sin ponernos de rodillas.

Por Fidel Castro.
Fuente: Diario digital Granma.
www.granma.cu

jueves, noviembre 13, 2008

Punto de partida hacia el sumak kawsay


Refundación: la nueva Carta Magna de Ecuador fue aprobada por el 64% de los votos en el referendo constitucional del 28 de septiembre. La Constitución, única en el mundo por reconocer derechos a la naturaleza, garantiza la gratuidad de la enseñanza –incluido el nivel universitario– la salud y los servicios sociales. En consonancia con el sumak kawsay (buen vivir) y la economía social, el Estado recupera la potestad sobre los recursos naturales estratégicos asegurando la soberanía alimentaria y energética. La banca pasa a ser un servicio público, se prohíbe la estatización de las deudas privadas y se establecen auditorías ciudadanas para controlar el endeudamiento externo contraído por el Estado. Además se garantiza el acceso al agua, la tierra, los insumos, las maquinarias y el crédito. En 444 artículos el cuerpo jurídico da nacimiento a un nuevo concepto de nación.
El 28 de septiembre pasará a la historia. El 64% de la ciudadanía votó por el Sí a la nueva Constitución redactada por la Asamblea Constituyente que durante 2007 trabajó incansablemente retomando reclamos y luchas históricas de los movimientos sociales y políticos, indígenas y campesinos. Dos visiones opuestas del futuro estaban en juego en el referendo y los ecuatorianos optaron por enterrar definitivamente un sistema de opresión, saqueo e injusticia. La nueva Carta Magna plantea un giro de 180 grados en las relaciones entre el Estado, la sociedad y el mercado. En el ámbito del desarrollo establece que el centro del crecimiento es el ser humano y el objetivo es alcanzar el sumak kawsay o buen vivir, retomando la cosmovisión de la nacionalidad Kichwa. Lograr un estado de armonía entre los seres humanos, la comunidad y la naturaleza es la base del buen vivir. Por primera vez en la historia de Ecuador, un texto constitucional reconoce y valora el aporte de los pueblos originarios a la creación de un nuevo pacto de convivencia en la diversidad. Para la nueva Constitución, el sumak kawsay implica contar con un sistema económico que promueva la igualdad a través de la redistribución de los beneficios del desarrollo tanto social como territorial. El sistema de inclusión social busca el mejoramiento de la calidad y esperanza de vida de la población y el despliegue de sus capacidades y potencialidades. La participación juega un rol clave para alcanzar el buen vivir, pues a través de ella se potencia y promueve la democracia.
Además, la nueva Constitución es la primera en la historia de la humanidad en reconocer derechos a la naturaleza. Pero el sumak kawsay no se agota en las relaciones internas y en la convivencia nacional, también se plantea las relaciones con otros Estados. La garantía de la soberanía nacional, la integración latinoamericana y la inserción estratégica en el contexto internacional forman parte de los postulados de la nueva Constitución. Además, a través de un proceso efectivo de descentralización y autonomía regional, propone un nuevo ordenamiento territorial para terminar con la desigualdad entre las regiones más ricas y las más pobres.

El fin de la economía de mercado

Actualmente Ecuador es el tercer país con mayor desigualdad económica en Suramérica, después de Brasil y Paraguay, y el segundo país con más bajos índices de desarrollo humano, después de Bolivia. Los beneficios del crecimiento económico nunca llegaron a la mayoría de la población y se repartieron entre las reducidas elites económicas y políticas. Durante la “larga noche neoliberal” el mercado pasó a ser el motor del desarrollo y todo fue convertido en mercancía: la salud, la educación, incluso la naturaleza. Las empresas empezaron a comercializar el agua, y el mercado se convirtió en el gran regulador, dejando de lado el papel del Estado en la economía. Se introdujo entonces la dicotomía entre Estado o mercado, desconociendo las necesidades y los derechos de la sociedad y la naturaleza como fuerzas dinamizadoras de cualquier iniciativa de desarrollo.
La nueva Carta, al contrario, establece que para alcanzar el sumak kawsay se debe pasar de la economía de mercado, enarbolada en la Constitución anterior, a la economía social y solidaria, regulada por el Estado. La soberanía alimentaria y energética, el comercio justo, el pleno empleo y el consumo social y sustentable son los ejes de esta forma de entender a la economía.
Los postulados sobre el buen vivir y la soberanía económica se concretan en una serie de disposiciones que dan cuenta del verdadero cambio entre un modelo de desarrollo depredador y una apuesta por un modo de vida inclusivo, respetuoso de la diversidad y de la naturaleza.
A diferencia de la Constitución de 1998, la nueva Carta establece que los pequeños y medianos productores tendrán prioridad para las compras públicas. No es casual que uno de los elementos nodales en las negociaciones de los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos hayan sido las compras públicas. En el caso ecuatoriano, en 2007, el presupuesto general del Estado fue de 10 mil millones de dólares, de los cuales el 50% se destinó a compras públicas. En la economía de mercado, las grandes empresas nacionales y transnacionales se benefician con estas compras en desmedro de la calidad de vida de la mayoría de la población.
En relación a la banca los avances logrados con la nueva legislación son significativos. Hay que recordar que Ecuador sufrió en 1999 la peor crisis bancaria de su historia reciente: millones de personas perdieron todos sus ahorros y el Estado, en un intento desesperado por salvar a la banca, gastó 8.500 millones de dólares, casi todo su presupuesto general anual. Esta crisis provocó la emigración masiva de millones de ecuatorianos al exterior.
En la nueva Constitución la banca pasa a ser un servicio de orden público. Se prohíbe el congelamiento de las cuentas de los depositantes, los banqueros no podrán tener empresas ajenas a su actividad, ni medios de comunicación, y se asegura la democratización del crédito.
Por otra parte, la precarización laboral, una de las consecuencias de la liberalización del mercado de trabajo pregonada por el Consenso de Washington llevó a que en Ecuador tuviera lugar la tercerización a gran escala. Los trabajadores eran contratados por empresas intermediarias que no les aseguraban sus derechos laborales básicos. La nueva Constitución prohíbe toda forma de tercerización e intermediación laboral.

Recuperación de los
recursos estratégicos


En la Constitución de 1998 los sectores estratégicos de la economía fueron eliminados de un plumazo, abriendo las puertas a la privatización. La nueva Constitución recupera la noción de sectores estratégicos y prohíbe su privatización. Además incorpora al agua como un sector estratégico. La energía, las telecomunicaciones, los recursos naturales no renovables, el transporte y la refinación de hidrocarburos, la biodiversidad y el patrimonio genético, así como también el espectro electromagnético son considerados propiedad del Estado y por ende, de los ciudadanos.
Respecto a la deuda externa, se prioriza la inversión social por sobre el pago de la deuda, se prohíbe la estatización de deudas privadas y se establecen auditorías ciudadanas para controlar el endeudamiento externo contraído por el Estado. Además se garantiza el acceso equitativo y la democratización de los medios de producción: la utilización del agua, la tierra, los insumos, las maquinarias y el crédito. En el campo social, se garantiza la educación laica, gratuita y de calidad hasta el nivel universitario. La salud, incluyendo las medicinas para todo tipo de enfermedades, también debe ser gratuita. Se universaliza la seguridad social, incluyendo a amas de casa, trabajadores autónomos, migrantes, niños y jóvenes y se prohíbe su privatización.
La nueva Constitución fue desde su concepción un verdadero ejemplo de ejercicio democrático. La aprobación de la Carta por el 64% de los votos así lo demuestra. “La primera etapa de la Revolución Ciudadana ha culminado con éxito y de manera contundente”, aseguró el presidente Rafael Correa.

Desde Quito, Ana María Larrea Maldonado
Fuente: Revista América XXI

viernes, noviembre 07, 2008

Un descomunal desafío


Narran los historiadores políticos que Franklin D. Roosevelt mantuvo silencio económico entre su elección en 1932 y su asunción en 1933, dejando que Herbert Hoover siguiera con las políticas que habían dado la Gran Depresión a Estados Unidos y al mundo. Barack Obama ha decidido que no tiene margen para repetir aquella mudez de su predecesor El presidente electo está negociando ya en el Congreso una asignación excepcional de al menos 100.000 millones de dólares para aplicarla en obra pública, subsidios de desempleo, asistencia energética para el invierno y ayuda alimentaria que podría ser aprobada antes de fin de mes. ¿Está de regreso el neokeynesianismo? Sí, pero el gesto habla de otra cosa: el escaso tiempo del que gozará Obama para festejar su triunfo antes de hacer frente al monstruo de la herencia.
Es una tarea delicada porque el presidente George W. Bush mantendrá la facultad de veto durante otros 70 días y, curiosamente, el primer examen de Obama será rendido no en la Casa Blanca sino en el Congreso al que regresará hasta ser ungido como el 44º presidente de Estados Unidos.Es casi difícil darle la bienvenida a la Casa Blanca. En primer lugar conviene tener presente que, si bien Obama cuenta con un mandato fuerte y mayoría legislativa, la diferencia en el voto popular con su rival John McCain no fue un alud como los demócratas hubiesen deseado. ¿Qué habría pasado si no hubiese habido el síndrome de hastío con Bush? Hay un país aún dividido por mitades y este dato será tomado en cuenta por la oposición republicana cuando termine de lamerse las heridas y piense en regresar.
Cabe señalar que en los últimos 25 años nunca esa derecha republicana se ha encontrado más alejada del poder, incluyendo los ocho años de Bill Clinton que en los 90 pensó que debía asumir la agenda sus adversarios.
Frente a sí Obama tiene la crisis económica más profunda y deletérea de los últimos cien años que está arrastrando a la economía internacional. En buena medida es uno de los factores que han hecho de Obama una suerte de candidato internacional festejado por públicos en diversos países. La demanda de un liderazgo que atempere la crisis; el otro es la pesada realidad de ocho años de Bush y su desprecio por el derecho internacional.
Esta crisis obligará en lo inmediato al presidente electo a algo más: a formar un gabinete y equipo de gobierno de modo rápido para ofrecer una idea de que ya está en movimiento. Tanta es la expectativa que ha despertado con su campaña que deberá ser cuidadoso con las posibles decepciones.
Tendrá que lidiar con por lo menos tres guerras en curso: Irak, Afganistán y la estrambótica "guerra contra el terror". El blanco y negro del discurso de campaña ya se está volviendo gris. En Irak ningún desacople será inmediato y Obama ya ha prometido consultar con el gobierno iraquí antes de tomar decisiones mayores. Dos años parecen ser ahora el plazo que asumiría el nuevo presidente para retirar a sus soldados de las arenas del Golfo Pérsico. Hay que pensar que, para cuando ocupe la Casa Blanca, esa guerra habrá costado unos tres billones (millones de millones) de dólares según el cálculo más serio.Obama ha prometido cerrar el virtual campo de concentración que Estados Unidos tiene en Guantánamo. No le será tan sencillo, dicen los juristas. Bush dejará una trama legislativa que será muy complejo deshacer y que, entre otras cosas, protege la continuidad de Guantánamo.
En Afganistán la cosa es más compleja porque Obama ha asegurado que allí triunfará sobre Al Qaeda, la fantasmal organización que --curiosamente-- ha mantenido un silencio casi absoluto durante la campaña y las elecciones. Un aumento de tropas allí no sería sorprendente. De Obama, América latina aguarda una mayor aceptación del multilateralismo y, por cierto, receptividad a la hora de decidir qué hacer con la crisis económico-financiera. Quizá con Venezuela y con Cuba se vean los primeros indicios si la primera premisa es cierta. Pero en lo segundo se enfrenta a mucho margen de conflicto; los demócratas siempre han sido, en lo comercial, más proteccionistas que los republicanos y, además, el proteccionismo parece ser una de las enfermedades cercanas en todo el planeta.


Por Oscar Raúl Cardoso
Fuente: Adentro y afuera Blogs clarin.

domingo, noviembre 02, 2008

Marx, más vigente que nunca


La semana pasada, un vocero de la editorial berlinesa Karl-Dietz anunció que la obra esencial del filosofo Karl Marx, "El capital", estableció un nuevo record de ventas en Alemania. ¿Casualidad? No, en lo más mínimo.
La crisis financiera que golpea a la superpotencia mundial, Estados Unidos, y al resto de los países del mundo colocó a los pensamientos del escritor germano en el centro de la escena político-económica del mundo.
Marx elaboró una crítica al sistema capitalista liberal, desperdigado por los países industrializados después de la revolución de 1848. Durante ese período, el pensador alemán abandonó su residencia y deambuló por varias partes del mundo debido a sus ideas. Marx anticipó la debacle del capitalismo y a pesar de los años que lleva editado el "Capital", su contenido se adapta facilmente a la actual situación caótica provocada en el centro de las finanzas mudiales.
“No está muerto y hay que tomarlo en serio”, afirmó el arzobispo de Munich, Cardenal Reinhard Marx, en una entrevista al semanario alemán Der Spiegel (El Espejo), al referirse a la teoría del pensador alemán. Además el prelado fue mucho más lejos al sostener que su homónimo tenía razón respecto al capitalismo.
La cita no es menor y contiene un gran significado. Primero porque el Marx de la iglesia es secretario de la Conferencia Episcopal alemana y un teólogo muy cercano y respetado por el Papa Benedicto XVI.
Y, Segundo, porque el Vaticano no ha sido un gran devoto de la teoría de Marx a lo largo de su vida, por lo menos nunca salió en defensa de sus teorias, especialmente durante el período de exilio y pobreza del filósofo.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que el actual jefe de la iglesia Católica es fiel al conservadurismo y pocas veces se lo escuchó sentenciar al sistema capitalista en sus homilías dominicales o visitas papales, por ejemplo, la última que realizó a Estados Unidos. Por eso es doblemente importante el reconocimiento del cardenal alemán al autor del "Capital".
Tampoco nos debería llamar demasiado la atención el reconocimiento de un miembro de la iglesia al impulsor del marxismo. Los líderes mundiales, defensores del capitalismo liberal, George Bush, Nicolás Sarkozy, impulsaron recetas que nada tienen que ver con las reglas del mercado, las que han defendido a rajatablas durante los últimos diez años.
Seguramente, la quiebra de bancos, los despidos y los desalojos, hizo que estos líderes mundiales se inclinaran por una mayor regulación por parte del Estado en el sistema financiero.
Según algunos especialistas es tan grande la magnitud de la crisis que Norteamérica corre el riesgo de perder el status de superpotencia.
“Estados Unidos seguirá siendo un actor importante pero no podrá reconquistar su posición dominante frente a la multiplicación de los centros de poder, con Europa Occidental, China, Brasil, India”, vaticinó Nikolai Kondratieff, investigador del Departamento de Sociología de Yale y ex presidente de la Asociación Internacional de Sociología.
En la misma dirección, el historiador Eric Hobsbawn sostuvo que la debacle financiera es el equivalente al colapso de la URSS y el final de una era.
Más allá de estos diagnósticos no favorables para los defensores del capitalismo y de las economías de los países desarrollados y en vías de desarrollo, no está claro que sucederá en los próximos años y nadie se anima a arriesgar que pasará con el sistema capitalista.
Lo que si es cierto es que hoy las líneas escritas por Marx son ojeadas por muchos hombres (presidentes, políticos, economistas, curas, ciudadanos) críticos –antes de esta crisis- de su teoría pero que ahora no encuentran otro remedio que darle la razón.

Por Juan Mansilla


Carlos Marx nació en Tréveris en 1818, hijo de un abogado judío. Estudió en Bonn y en Berlín y se doctoró en Jena en 1841 con una disertación sobre la filosofía de Epicuro. En vista del trato de que fué objeto su amigo, el profesor de Teología Bruno Bauer, y en atención a él, renunció a su intento de lograr una cátedra de profesor agregado en Bonn. Marx fué primero colaborador y luego director de la Rheinische Zeitung, hasta que, habiendo sido suprimido este periódico, pasó a París en 1843, y allí, junto con el neohegeliano Ruge, esforzóse por editar los Anuarios francoalemanes. Fué también en Paris donde trabó amistad con Federico Engels.Marx, que en sus estudios se había ocupado principalmente de la filosofía hegeliana, tuvo en Francia ocasión de conocer el socialismo más de cerca. Expulsado del país a instancias del Gobierno prusiano, trasladóse en 1845 a Bélgica, donde, en 1847, publicó contra Proudhon la Misère de la philosophie y, en colaboración con Engels, escribió el Manifiesto del Partido comunista.
La revolución de 1848 llevó a Marx de nuevo a París y a Colonia, iniciando en esta última ciudad la publicación de la Neue Rheinische Zeitung. Allí se agregó a su círculo Lassalle. Expulsado de Alemania y de Francia, Marx pasó a Londres en 1849. En la capital de Inglaterra dedicóse, junto con Engels, al estudio de esta nación, la más avanzada socialmente (1), y de sus trabajos verificados en el British Museum surgieron sus obras más importantes. La familiarización con las condiciones de trabajo de la Gran Bretaña constituye el tercero de los momentos cruciales en la carrera ideológica de Marx.
En 1864 pasó a ocupar un puesto destacado en la Asociación Internacional de Trabajadores, de reciente creación; puesto que abandonó cuando el fracaso de la Commune de Paris, y la oposición interna de los grupos anarquistas acaudillados por Bakunin le hicieron creer inútil la persistencia en la lucha.
Karl Marx, discípulo de Ricardo, vive la primera gran crisis del capitalismo industrial en la década de 1830 y la consecuente crisis política de 1848. Tiene por tanto que dar una explicación de esas convulsiones. La teoría que elabora predice la evolución socioeconómica futura e invita a los trabajadores a participar activamente acelerando la transformación del sistema.

viernes, octubre 31, 2008

La movilización masiva rompió el cerco






Desempate: por votación conjunta de los parlamentarios del MAS y fracciones de la derecha opositora, más de dos tercios del Congreso Nacional aprobó la convocatoria a un referendo constitucional para el 25 de enero de 2009. Este resultado ha sido efecto directo de las modificaciones hechas al proyecto de Constitución aprobado en diciembre de 2007. Contrariamente a lo que difunde la derecha, no ha habido un cambio radical del texto. Sí lo hubo en un tema: la tierra. Ese paso atrás se muestra como el inevitable sacrificio que los movimientos sociales, principalmente indígenas y campesinos, han tenido que hacer para salir del empate catastrófico que aprisionaba a la revolución. Si bien la constitución de un nuevo Estado deberá recorrer todavía un largo sendero en el que las amenazas quizá sean mayores, las clases antes subalternas son ahora gobernantes. El camino hacia la construcción de una sociedad no capitalista ha vencido uno de los obstáculos más importantes.
En la tarde del martes 21 de octubre, miles de voces de indígenas y de trabajadores, confundidas en un abrazo y con la garganta contenida por la emoción, le daban vivas a la aprobación de una ley por la cual el 25 de enero de 2009 el pueblo boliviano deberá decidir si aprueba o no la nueva Constitución Política del Estado. La satisfacción no era para menos. Se había roto el cerco con el que la ultraderecha, respaldada firmemente por los Estados Unidos, tenía aprisionado al proceso de cambio estructural que lidera el presidente Evo Morales.
La aprobación del texto constitucional se da por descontada en enero. Más que el cumplimiento de una formalidad prevista por la ley de convocatoria de la Asamblea Constituyente en el primer trimestre de 2006, será en realidad el resultado de “18 años de marchas de un pueblo, que desde lo más profundo de la tierra, desde los barrios, desde los sindicatos, desde las universidades, desde las fábricas, desde las minas, salió para decir que nunca más iba a haber una Bolivia sin la gente, sin los bolivianos, sin los trabajadores, sin la gente sencilla, sin la gente humilde”, como afirmó el vicepresidente boliviano Alvaro García Linera.
Valió la pena la caminada de siete días y la vigilia frente al Congreso Nacional. El triunfo va más allá de la legalidad. Es la resolución del largo empate catastrófico o el poder dual –como quiera leerse– entre un bloque nacional-indígena-popular que levanta un proyecto social y estatal distinto al experimentado en más de 500 años de colonialismo y dos décadas de secante neoliberalismo, y un viejo bloque de clases dominantes aferrado en dos años y ocho meses a un pasado que ya no tiene cabida. “Siento de verdad que este proceso de cambio no se interrumpe. Digan lo que digan y hagan lo que hagan, no volverá el neoliberalismo a Bolivia”, aseguró Morales ante sus seguidores.
La movilización social derrotó, menos de un mes atrás, el golpe de Estado que la ultraderecha puso en marcha contra el presidente indígena y ahora, con una derecha dividida, la revolución ha dado un paso fundamental.

La tierra, asignatura pendiente

La conquista de la cúspide ha demandado, sin embargo, concesiones en el proyecto de Constitución. Para medirlas en su exacta dimensión deben ser analizadas desde la perspectiva larga de la historia que está siendo escrita por aquellos vilipendiados –como suele decir frecuentemente Morales– que en la colonia (continúa pág. 24)
y la vieja república estaban subsumidos por autoridades, dirigentes, partidos e intereses que no eran los suyos.
La más importante es la referente a la tierra, ya que independientemente de que el máximo de propiedad agraria sea de 5 mil ó 10 mil hectáreas –lo que será definido en el referendo dirimidor de enero– su aplicación no tendrá carácter retroactivo. Se han levantado legítimas voces de crítica y desconcierto porque en una primera instancia los latifundistas parecen estar a salvo.
El precio de contar con una nueva Constitución es demasiado alto y, como no podía ser de otra manera, la modificación del carácter de la tenencia de la tierra, en la que cerca de 32 millones de hectáreas están en pocas manos y cuatro millones en propiedad de los campesinos e indígenas, ha quedado como una de las asignaturas pendientes de la revolución boliviana.
A manera de consuelo, quedó implícita la tarea del gobierno de Morales de poner en marcha un serio proceso de saneamiento de la propiedad rural, que es la única manera de revertir y expropiar las millones de hectáreas adquiridas por la burguesía agroexportadora y latifundista durante las dictaduras militares y los gobiernos neoliberales. Ese parece ser el único instrumento que por lo pronto tendrán a mano los movimientos sociales hasta que una modificación del texto constitucional sea posible en el próximo período del líder indígena (2009-2014), quien aspira a tener el control del Congreso con más de dos tercios.
De hecho, una de las principales lecciones que arroja las condiciones y los términos en que fue aprobada la convocatoria al referendo constitucional, según se desprende de varios análisis y comentarios, es que los movimientos sociales deben avanzar hacia un mayor protagonismo en el diseño y ejecución del poder.

La derecha, dividida

La orfandad social de la derecha es contundente. La ultraderecha se ha aislado y con serias fisuras internas entre prefectos y dirigentes cívicos opositores, su suerte parece estar echada luego de que sus voceros anunciaran la campaña por el No al proyecto de Constitución. Por contrapartida, los opositores que viabilizaron en el Congreso el llamado a la consulta y las modificaciones al texto constitucional se esfuerzan por arrebatarle el triunfo al Gobierno y a los movimientos sociales. Uno de los que ha ingresado en la aplicación de esa táctica es el jefe de Podemos, Jorge Quiroga, quien nunca dejó de alentar a sus correligionarios para bloquear el proceso constituyente, según ha denunciado el jefe de la bancada parlamentaria del MAS, César Navarro.
La preocupación de la derecha ya no es la aprobación de la nueva Constitución. La saben inevitable y está dispuesta a sacarle provecho como punto de partida para las elecciones generales de diciembre de 2009. La ausencia de un liderazgo nacional y las serias señales de dispersión que se han experimentado en los últimos meses se convierten en sus principales adversarios. Antes de pensar en la constitución de un frente de “todos contra el MAS”, al que ha convocado el alcalde de Potosí, René Joaquino, el mayor problema de la derecha se encuentra en la ausencia de partidos. Podemos está en proceso de fragmentación, UN (Unidad Nacional) de Samuel Doria Medina y el MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) están debilitados. Tan es así que el prefecto de Beni, Ernesto Suárez Sartori anunció la fundación de su partido. Por lo demás, no pocos opositores que alentaron la organización de grupos paramilitares, la toma de instituciones públicas y la voladura de gasoductos serán objeto de procesos judiciales, “ya que el acuerdo por la Constitución no implica un acuerdo por la impunidad”, como ha sentenciado el viceministro de Justicia, Wilfredo Chávez.

Los desafíos

Luego de romper el cerco que la burguesía le tendió al proceso de cambio, los desafíos para el Gobierno se dibujan en el plano de la construcción de la nueva institucionalidad y en la gestión económica, según ha reconocido el presidente Morales al expresar que la derecha se opuso a que las elecciones sean en junio de 2009 porque piensan encontrar en diciembre a un “Evo destrozado política, económica y financieramente; en vano están calculando eso”. Sin embargo, los riesgos no pueden ser subestimados. A falta de propuesta, la derecha confía en que la crisis global del capitalismo, del que fueron sus fieles feligreses, afecte la economía boliviana y decepcione a la población. Una apuesta a la misma táctica que desarrollaron durante los primeros meses de 2007 al poner en marcha una campaña de desabastecimiento de los artículos de primera necesidad y de anuncio de cierre de empresas; solo que esta vez con la complicidad de un orden capitalista mundial que no sabe cómo salir del abismo.
“Vamos a prepararnos y nuestro plan es llegar con más fuerza”, sentenció Evo Morales al recordar las difíciles condiciones en las que tuvo que enfrentar la lucha política y con una clara señal de que piensa superar el 54% de diciembre de 2005 y el 67,41% de apoyo recibido en el referendo revocatorio de agosto.

Desde La Paz, Hugo Moldiz Mercado.
Fuente: Revista América XXI